miércoles, 13 de noviembre de 2013

BioShock Infinite

BioShock Panteón Marino

Regresamos con Booker y Elizabeth en el primer DLC narrativo de Bioshock Infinite, un guiño al aficionado que reúne algunas de las obsesiones y puntos culminantes de Bioshock en su conjunto.

Advertencia: Este DLC es una continuación más o menos directa de Bioshock Infinite y por tanto este texto contiene destripes. De hecho, se desaconseja completamente esta expansión para cualquiera que no haya terminado el juego original, ya que su argumento enlaza con el final del primero.

Panteón Marino, al menos en este primer episodio, tiene mucho, muchísimo de fanservice, un producto diseñado para alegrar el día al fan de Bioshock, es una mezcla imposible que parece reunir todas las obsesiones y puntos álgidos del aficionado a la saga de Irrational. Para empezar su propio planteamiento ya marca bastante el tono del juego: Booker y Elizabeth, en Rapture. El salto a la ciudad submarina en el emocionante final de Bioshock Infinite fue uno de los momentos más desconcertantes, brillantes e inesperados del juego, un giro de cintura que dejó a muchos sentados en el sitio y que forma una parte indispensable del memorable final del juego. Con ese salto se daba sentido al multiverso de Bioshock, a los poderes de Elizabeth y se comenzaba a desenredar la madeja alrededor del propio protagonista.

Pero ese salto fue sólo un pequeño guió que apenas nos dejaba nada para explorar la ciudad, conducidos a nuestro destino. Este DLC en cambio nos ofrece otra cosa, una posibilidad única: ver un atisbo de lo que era Rapture pocos antes de su descenso a la locura. Es es el primer regalo de este DLC, poder acceder a una versión reducida de los que nos ofrecía Bioshock Infinite en sus primeros compases, una oportunidad de ver esta utopía antes de que se convirtiera en distopía. Del primer Bioshock, recordamos los retazos de grandeza y estilo que salpicaban todos los rincones de la ciudad, y no son pocos los que hubieran deseado poder ver la ciudad en todo su esplendor, pasear calles, y tomar una copa en sus bares.